“Sono stata nella setta delle doulas”. Il racconto di una mamma

22 Febbraio 2015

Me dieron de beber batido de placenta. Son una secta’

  • ‘Yo estuve en la secta de las doulas’, dice con dolor Rosa

  • Le llegaron a aconsejar que abandonara a su esposo

  • Algunas se anuncian como ‘Sacerdotisas’ o ‘Damas blancas’. Otras como ‘Renacedoras’

 

PACO REGO

 

El penúltimo puñetazo en la barriga lo sintió este miércoles al evocar aquella tarde de 2010 en que dio a luz en su propia casa.

-Míralo, tu bebé vomita, te rechaza como madre -recuerda Rosa que le espetó su doula-. No haces lo que yo te digo, no me obedeces…

Rosa no tenía ni idea de a qué se refería aquella mujer joven, hasta ese momento amable y cariñosa con ella, a la que había contratado para que la acompañara el día del alumbramiento.

-Hizo que me sintiera una piltrafa, una madre sin alma…

Rosa no se había portado bien. Una y otra vez desoía a quien, según ella, más sabía. Su doula, su maestra, su apoyo. La mujer que con palabras bonitas se había ganado su confianza, ahora estaba allí, a pie de cama, recriminándola con saña junto a su recién nacido. El pequeño vomita. “Lo ves?, te rechaza, no me haces caso, no me obedeces…”. En vez de tomarse lo que la doula le ofrecía, Rosa pidió un zumo. “Tenía sed y era lo que más me apetecía. Doblegada emocionalmente -“Yo era un muñeco en sus manos, sin apenas fuerzas para hablar”-, Rosa ya no pudo resistir y se tragó lo que le dio la doula en aquel vaso: su propia placenta.

-Nadie, ni la comadrona allí presente, me explicó que habían triturado mi bolsa -recuerda la enfermera.

-¿Al final, se la tragó?

-Sí, yo estaba aturdida, acongojaba por todo lo que me habían dicho… Luego lo supe todo.

-¿Dónde se la prepararon?

-En la cocina de mi casa, habían metido mi placenta entera en el congelador de la nevera. [Menos repulsión dan las cápsulas de placenta, que se muele y se envasa].

-¿Le extrañó el sabor?

-No sabría decirlo. Creo que la mezclaron con naranja e hicieron una especie de batido… No quise pensar más, era incapaz. Me la tragué y punto. Ellas eran mi familia, mis guías, y yo me sentía culpable por lo de mi niña…

-Eran su familia pero la acusaban de ser mala madre, que no les obedecía…

-Y más cosas, sí.

-¿Como cuáles?

-Te lavan el cerebro. Te dicen que eres un ser superior. Que no debes fiarte de tu madre porque, cuando estás embarazada, ella ya no te ve como a una hija sino como una rival. Que vigilará todo lo que hagas… Recomiendan que tampoco te fíes de tu padre, ni de tus hermanos, que tengas cuidado con los amigos. Y, claro, te pilla en un momento delicado, se preocupan por ti, por tu maternidad, por tus miedos…, y terminas enganchada. No soy la única.

-Lo que cuenta suena horrible.

-Es que lo es. Yo estuve en una secta de doulas.

-¿Eran muchas?

-Unas 30 mujeres y la jefa de todas ellas era la matrona que me atendió…

Fue al ver las noticias esta semana cuando Rosa, enfermera de 36 años, decidió romper un silencio que duraba ya cuatro años. Un informe del Consejo General de Enfermería hablaba de “canibalismo” (placentofagia) en el colectivo de doulas, de ofrecer consejos “sin evidencia científica” o de actuar como “falsas matronas”. Algunas se anuncian como “Sacerdotisas” o “Damas blancas”. Otras como “Renacedoras”. Las profesionales de verdad, entre las que figuran abogadas, arquitectas o profesoras de universidad, aseguran no reconocerse en el informe de los sanitarios. “Todo lo que se cuenta es lo que no tiene que hacer una doula. Tenemos códigos éticos, informamos a las mujeres, les damos apoyo emocional pero jamás obligamos a nadie, ni por supuesto hacemos nunca el trabajo del personal sanitario”, explica Francisca Muñoz, psicóloga de profesión y doula.

Las doulas (esclavas o sirvientas en la antigua Grecia) son “mujeres, en su mayoría madres, que acompañan a otras mujeres durante la gestación, parto y puerperio, ofreciendo soporte, tanto físico como emocional”, según la definición que ofrece la Estrategia de Atención al Parto Normal en el Sistema Nacional de Salud, elaborada por el Ministerio de Sanidad. Una figura que sin embargo carece de regulación oficial, pero que está ganando popularidad en España,547 localizadas y 435 páginas web donde se publicitan, según el informe en el que los sanitarios ponen en cuarentena a todo el colectivo.

El marido, vetado

A Rosa le está costando olvidar. También a su marido, Pedro. Él no pudo presenciar el nacimiento de su hija. La doula y la matrona no le dejaron. “No querían que él viera y escuchara”, dice la castellana. “Cuando ya pasó todo, a los pocos días se presentaron en mi casa varias doulas del grupo con sus hijos. Seguían siendo mi familia…”.

“A mis padres no quería ni verlos. Mi marido estaba en estado de

shock

con todo aquel revuelo. Se enfadó y me dijo que no quería que su casa se convirtiera en una guardería. Se lo comenté a las doulas y estas me aconsejaron que abandonase a mi esposo. Que yo no necesitaba un hombre. Las mujeres, me insistían, somos seres superiores”.

-¿Y lo hizo, dejó a su marido por las doulas?

-No, pero me lo pensé. Pasamos tiempos complicados.

Aquel año, en 2010, Rosa pasaría la Navidad junto a la “gran familia”, la que según ella formaban las doulas.

-¿Cómo entraron en su vida?

-Las conocí en un grupo de lactancia. Es muy común. Yo quería criar a mi hijo de la manera más natural posible y que naciera en casa, no en un paritorio, donde el trato y el ambiente a menudo suelen ser más fríos…

¿Fue entonces una casualidad?

-A medias. La cosa empezó por un documental que dieron en Documentos TV sobre las doulas en otros países. Pero yo no conocía a ninguna y se me ocurrió comenzar por un grupo de lactancia.

-Y allí conoció a su doula…

-Sí, a través de una matrona, la que más tarde me asistiría.

-¿Le convenció?

-Digamos que algunas cosas me causaron sorpresa.

-¿Por ejemplo?

-Me insistía en que no era conveniente que en el parto estuvieran familiares. Y menos aún mi madre o mi marido. Que del apoyo emocional se encargaban ellas…

Y no sólo eso. Rosa también se hizo doula. Por el curso de nueve meses la secta que ella dice le cobró 1.600 euros. “Era todo muy esotérico”, reflexiona. “Me hablaban de la energía, de la meditación, de lo sublime que es la maternidad, del poder de las mujeres sobre el resto de la gente… Pero yo nunca ejercí. Y menos aún después de que destrozaran mi vida, de perder amigos, madre, padre…”.

Y dinero. Cuando Rosa lo necesitaba acudía al domicilio de su doula. Le cobraba 20 euros en 2010. Si acudía a la suya, la tarifa se doblaba. Cada doula fija sus servicios y tarifas. Las que no viven exclusivamente de ello sólo cobran los gastos de desplazamiento. Otras, 1.200 por servicio completo, embarazo, parto y posparto, según el informe del Consejo de Enfermería. Hasta 500 sólo por el parto o a 50 euros la hora.

-A mí me salió mucho más caro -remata Rosa-. Porque perdí a mi gente…

-¿Y hoy?

-Hoy mi doula es mi propia madre.

 

FONTE: EL MUNDO

http://www.elmundo.es/cronica/2015/02/22/54e85c7b22601d70708b4578.html

 

VEDI sulla vicenda precedente articolo, qui:

https://favisonlus.wordpress.com/2015/02/16/sette-e-salute-sanitari-spagnoli-dichiarano-guerra-alle-doulas/

 

NOTA: Anche nel nostro paese la figura della doula aveva sollevato molto perplessità, tanto che le ostetriche definirono il ruolo svolto da queste donne una “professione ai limiti dell’abusivismo”. Al link che segue un articolo di archivio

http://www.ilfattoquotidiano.it/2013/02/10/ostetriche-contro-figura-della-doula-professione-ai-limiti-dellabusivismo/494867/

 

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